26 de junio de 2011

Enrique "El Perro" Bermúdez, cuando la ignorancia se confunde con genialidad.


Escuchar su aguardentosa voz (o verlo bailar en un programa de concursos de 3 pesos) durante la transmisión de un partido es muy molesto, pero si le añadimos que las palabras que escupe de su boca son cada una más estúpida que la anterior, esto se vuelve simplemente insoportable. Estoy hablando del famoso comentarista Enrique "El Perro" Bermúdez, el mismo que es incapaz de ocultar su favoritismo cuando está narrando un partido del Atlas, el mismo que pareciera estar disléxico o algo así y que no puede pronunciar ninguna frase sin que sus palabras lleven al final la letra "e", el mismo que presume de ser muy ingenioso por poner apodos que parecen salidos de la mente del más retrasado de los simios, el mismo que me hace sentir pena ajena cada vez que narra un partido internacional y, lo peor de todo, el mismo que muchos de ustedes consideran "el mejor narrador del mundo".

¿Acaso es no es, incluso, más difícil narrar partidos en la forma en que esté sujeto lo hace? Si se dignara a describir lo que sucede en el partido en lugar de estar pensando que rasgo/defecto físico del jugador se presta para ponerle un apodo o pensando un "ingenioso" apodo referente al lugar de procedencia de dicho jugador, seguramente no estaría escribiendo este post. De manera extraoficial digo que a 8 de 10 personas en el mundo no les gusta que les digan ningún tipo de apodo, entonces ¿porqué este pelado cree que agradará a las masas mofándose de quienes le sirven para llevar a cabo su patético trabajo? Aquí una lista de los apodos más estúpidos y sin gracia que  ha puesto este cabeza de rodilla (el que a hierra mata...):

- Gondolero a Paulo César Da Silva.
- Bebé a Pável Pardo (Con la cara de pasita Ricolino que tiene ese tipo, creo que le hizo un favor).
- Actor a Jaime Lozano.
- Telefonista a Hassan Viades (Porque su segundo apellido es Slim).
- Machacado a Felipe Baloy.
- Zorba el Potosino a Nery Castillo (Queriendo aparentar cultura).
- Borrego a Gerardo Torrado.
- Hechicero a Dario Verón (Solo porque el Verón argentino es apodado "La Brujita").
- El poeta a Antonio Pérez.
- Salsita a Carlos Salcido (Creo que este es el peor de todos).
- El íntimo a Miguel Sabah (mmm no, este es el peor de todos sin lugar a dudas).

Entre muchos otros, además de que en muchas ocasiones de manera celosa le pone apodos a otros jugadores que ya tienen, como el caso de "El Gaucho" Ávila al cual él llama "Fresero", que porque es de Irapuato y un sin fin de idioteces más.

No hay que olvidarse de otro punto clave y molesto en el trabajo de este gorila pulgoso, muchos de ustedes habrán escuchado en muchas ocasiones sus improvisadas (por no decir inventadas) palabras sin sentido que acomoda de forma que parezcan describir algo real o, incluso, frases completas carentes de inteligencia. Ejemplos hay bastantes también:

- Tirititito.
- Diagonal matona.
- Zambombazo.
- Tuya, mía, tenla, te la presto.
- Versallesco o Versallesca (aparentando cultura, de nuevo).
- Uff, uff y re-contra uff.
- La tenía, era suya y la dejó ir.
- Que bonito es lo bonito.

Y existen más que me da mucha flojera escribir porque realmente me parecen odiosas. Me parece triste que este narrador sea tan alabado por los medios y la afición en general, cuando cualquier hijo de vecino podría tomar un micrófono y escupir tonterías sin sentido una y otra vez con la única intención de no guardar silencio más que para pasar saliva.

Tal vez parezca extraño que en muchas ocasiones aparente una amplia cultura, lo cual lleva a la idea de pensar que probablemente si la tenga. Pues sus narraciones de partidos internacionales nos hacen ver que no, no es así. ¿Acaso nadie lo escuchó gritar "Beckman" una y otra vez cuando David Beckham marcó gol en Francia '98? ¿Tampoco se acuerdan cuando llamaba "Ibrajamovich" a Zalatan Ibrahimovic? ¿Y qué me dicen de "Kleinsman" el famoso delantero alemán? Seguramente hay muchísimos más ejemplos, pero el odiador ha visto a "El Perro" Bermúdez lo más que su poca paciencia puede soportar, así que no se me vienen otros a la mente.


La conclusión es muy sencilla: Alguien debería buscar a Enrique Bermúdez y cortarle la lengua de una vez por todas, de este modo los dioses dejarían de enfurecerse cada fin de semana y, seguramente, el apocalipsis se aplazaría un poco más.


Y si no les gusta lo que pienso, es cosa que me viene valiendo madre.

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